La nieve es un excelente aislante y puede ayudarnos a sobrevivir si la combinamos con un mínimo de material:
- Manta aluminizada
- Pala de plástico (las hay muy ligeras y plegables)
- Ropa seca o prevenir que se moje al contacto con la nieve o la sudoración.
Lo segundo buscarnos algún elemento natural que nos sirva de ayuda:
Con árbol:
Hay árboles como las coníferas que se asemejan a un paraguas abierto en las zonas más bajas. Esa cámara de aire es perfecta como refugio.
Para ello cavaremos con la pala alrededor del tronco del árbol, limpiaremos y adaptaremos el habitáculo aprovechándonos de la protección que ofrecen esas ramas y las paredes de nieve.Si el árbol no tiene ramas bajas no importa, una vez cavado el habitáculo, compactaremos las paredes con la pala y cubriremos con un tela, manta aislante, paracaídas, o lo que tengamos. Colocamos ramas a modo de techo y de asiento y listo.
Con protección:
Otra opción consiste en hacer una zanja en la nieve, preferiblemente tras unas rocas o montículos que colaboren a protegernos del vierto, y dentro de ella un hueco lateral a modo de nicho que sería el lugar donde pernoctaríamos.
Si no se puede hacer esta cavidad lateral siempre existirá la posibilidad de cubrir el techo de la zanja con ramas, nieve o bastones tumbarnos en el fondo.
Sin nada:
Siempre queda la opción de construir un rústico iglú.
- Pasos a seguir: Lo primero es acumular un buen montón de nieve (no la compactamos)
- Después colocaremos nuestras mochilas encima.
- Sobre ellas pondremos la manta aluminizada
- Y por ultimo tapamos todo con una GRUESA capa de nieve que esta vez sí compactaremos a conciencia.
Es el momento de abrir un túnel hacia las mochilas.
Cuando las localizamos, las sacamos y procedemos a vaciar la nieve que ha quedado debajo. De esta forma habremos creado un espacio que podremos agrandar cavando hacia abajo adaptando el espacio a nuestras necesidades.
Otra opción, quizá la más interesante, sea la de la cueva en la nieve.
Nos aísla del viento y del frio y las temperaturas rara vez bajan de los 0 grados.
El problema es que implica disponer de una muy gruesa capa de nieve.
Si no la tenemos hay que procurar ir a buscarla a alguna ondanada o lugar donde creamos que pueda acumularse.
Se cava de cara a la pendiente, profundizando en ella. Una vez dentro se puede ampliar hacia los laterales.
Es importante que el techo quede liso e inclinado hacia abajo para dirigir el goteo fuera de la zona habitable.
Justo en la puerta, pero aún dentro del refugio, debe cavarse un pozo que acumule el aire frío (pesa más que el aire caliente).
Fuera, delante de la puerta se puede construir un pequeño muro que nos aísle del viento pero que no bloquee nuestra única salida
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